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Cabecera de la serie La Sangre de Tharsis

Serie editorial

La Sangre de Tharsis

Serie de 4 libros

RunaFantasía Épica
por Tolmarher Autor
4,99 70 votos
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Sobre esta serie

La Sangre de Tharsis es una saga de alta fantasía épica oscura sobre una civilización que aún sangra por una patria hundida. Siglos atrás, Argantia, la isla circular de los antiguos atlantes, desapareció bajo el mar de Poniente. Sus supervivientes levantaron en Tharsis ciudades redondas, templos de plata y dólmenes de piedra viva, pero no lograron enterrar del todo aquello que perdieron.En el arrabal de la gran ciudad, Arhan trabaja como herrero sin saber que lleva en la sangre una herencia capaz de romper reinos. Tiene diecinueve años, un mechón plateado en la sien y sueños de una espada vertical bajo aguas negras. Cuando muere el rey Arghas II, la corte se abre como una herida: el heredero legítimo es débil, la reina Khadissa mueve sus piezas desde la sombra, los kenaritas sonríen en primera fila y las casas atlantes empiezan a contar espadas.Pero Arhan no sabe nada de tronos ni de dioses. Solo sabe que dos hombres de ojos fríos han llegado al arrabal preguntando por él. No son soldados. No son ladrones. Son asesinos de una reina que teme la sangre de un muchacho criado entre carbón, hierro y humo.En el centro del destino aguarda Kalibar, la espada de oricalco de los reyes antiguos. Una espada que no concede poder sin precio: si se desenvaina, debe beber sangre; si no, bebe la vida de quien la empuña.La Sangre de Tharsis es la crónica de un bastardo perseguido, de una corona podrida, de casas nobles que juran honor mientras afilan cuchillos, y de unos dioses que quizá no son tan distintos de las sombras que dicen combatir. En Tharsis, la sangre recuerda, las piedras escuchan y los muertos no siempre descansan bajo el mar.

Tolmarher
Tolmarher Autor
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Libros de esta serie

4 libros

Portada de El Buitre y el Bastardo
Libro 1

El Buitre y el Bastardo

4,6161 votos
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El Buitre y el Bastardo abre la saga La Sangre de Tharsis con el nacimiento de un presagio. En el arrabal de Tharsis, lejos de los mármoles del palacio y de los juramentos podridos de la nobleza, Arhan vive como aprendiz de herrero bajo la protección de Orthon, el hombre que lo crió como a un hijo. Tiene diecinueve años, manos de fragua, mirada cerrada y un mechón plateado en la sien izquierda que nadie ha sabido explicarle. Para él, el mundo termina en el yunque, en el hierro candente y en las callejas donde los comunes sobreviven sin preguntar demasiado por los asuntos de los reyes. Pero la muerte de Arghas II sacude los cimientos de Tharsis. Mientras el reino contiene el aliento y las casas nobles empiezan a contar espadas, rumores y bastardos, una luna plateada se alza sobre la ciudad circular como si los viejos dioses hubieran vuelto a mirar hacia los hombres. En los tejados del arrabal, un buitre leonado espera. No grazna. No vuela. Solo observa, como si ya conociera el nombre del muerto que aún no ha caído. Cuando los hombres de la Casa Khadur llegan al barrio bajo preguntando por el herrero, Arhan comprende que algo se ha quebrado para siempre. No son matones de taberna ni soldados con órdenes vulgares: son asesinos de guante blanco, enviados desde las sombras de la corte para borrar una sangre que no debía sobrevivir. Buscan a un muchacho imposible, un bastardo secreto del rey muerto, una amenaza nacida antes de que el nuevo trono pueda asentarse. Orthon miente para protegerlo. Arhan observa desde lejos. Y, por primera vez, entiende que su vida sencilla quizá nunca fue suya. Mientras Tharvan, hijo legítimo de Arghas II, asciende hacia una corona que le pesa más que una armadura mojada, la reina Khadissa mueve sus piezas con fría paciencia. Detrás de ella respiran los Khadur, Oriente, los altares oscuros y una ambición que no se conformará con gobernar Tharsis: quiere rehacerla. Las casas atlantes callan, calculan o tiemblan. Los viejos linajes recuerdan la caída de Argantia, aunque ya no sepan distinguir memoria de maldición. En medio de esa intriga, Arhan sigue sin conocer la verdad de su nacimiento. Ignora que su sangre lo condena y lo eleva. Ignora que su nombre, aún oculto, puede incendiar el reino. E ignora que en algún lugar del pasado duerme Kalibar, la espada de oricalco llegada de los días hundidos de Argantia, una reliquia viva que no perdona a quien la desea demasiado. El Buitre y el Bastardo es la historia de una inocencia rota, de una corona manchada antes de tocar una frente y de un muchacho que empieza a ser perseguido antes incluso de saber quién es. En Tharsis, la sangre no olvida. Las piedras escuchan. Y cuando el buitre espera sobre el tejado, es porque el destino ya ha empezado a comer.

Portada de La Noche del Fuego
Libro 2

La Noche del Fuego

4,8955 votos
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La muerte del rey Arghas II ha abierto una grieta en Tharsis, y los hombres de la reina ya han empezado a buscar los nombres que deben desaparecer. En el arrabal, Orthon comprende demasiado tarde que el pasado ha encontrado la puerta de su fragua. Diecinueve años atrás, una noche de lluvia, Hessur el Gris le entregó un recién nacido, una bolsa de plata y una única orden: que el niño jamás supiera de dónde venía. Orthon aceptó aquel destino ajeno porque deseaba un hijo, y durante casi dos décadas amó a Arhan como sangre propia, aun sabiendo que algún día la mentira podía traer cuchillos a su casa. Ese día llega bajo la forma de dos asesinos de la Casa Khadur. La fragua arde durante la noche, Orthon y Meira caen en el barro, Bras desaparece por los tejados y Arhan, empujado por una furia que no comprende, mata por primera vez con el martillo de su padre. No hay gloria en ese acto, solo humo, sangre, culpa y el derrumbe absoluto de la vida que conocía. Perdido entre los callejones de Tharsis, Arhan busca a su hermano sin hallarlo, perseguido por el recuerdo de sus padres muertos y por el rostro del hombre que ha matado. Antes del amanecer, en el puerto, lo encuentra Hessur el Gris, el anciano que conoce su nombre, su origen oculto y la razón por la que los hombres de Khadur seguirán buscándolo. Arhan no confía en él, no lo perdona y no quiere escuchar promesas de destino ni de sangre. Quiere venganza. Pero Hessur le advierte que la venganza es precisamente la trampa que sus enemigos esperan. Sin casa, sin padres, sin saber si Bras vive o ha muerto, Arhan abandona Tharsis por las puertas del norte junto al hombre gris. No lo hace por fe ni por obediencia, sino porque no le queda otro camino. Atrás quedan la fragua, el fuego y la infancia. Delante aguardan los dólmenes, la verdad de su sangre y una guerra que todavía no conoce su nombre.

Portada de Lo que la Piedra Recuerda
Libro 3

Lo que la Piedra Recuerda

4,9852 votos
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Arhan ha dejado atrás Tharsis, pero no el fuego. Tras la muerte de Orthon y Meira, la desaparición de Bras y la huida de los hombres de Khadur, el muchacho abandona las puertas del norte junto a Hessur el Gris, sin confiar en él y sin aceptar todavía que su vida pertenece a una trama mucho más antigua que su propia sangre. El camino lo lleva hacia las tierras de la Casa Naur, donde las ciudades huelen a piedra húmeda, hierro frío y sacrificio viejo. Allí, lejos del ruido de la capital, Arhan contempla por primera vez Tharsis desde fuera y descubre la forma circular de sus murallas, reflejo de una herida más antigua: Argantia, la isla hundida de los atlantes, cuya caída sigue latiendo bajo la memoria de todos los pueblos de Occidente. Entre colinas, niebla y antiguos caminos del norte, Hessur conduce a Arhan hasta su primer dolmen. Lo que allí ocurre no se parece a los relatos de los sacerdotes ni a las fábulas del arrabal. No hay luces gloriosas ni dioses descendiendo del cielo. Solo una mano sobre la piedra, un pulso lento bajo la tierra y la certeza perturbadora de que algo muy antiguo lo reconoce. En Nabrissa, ciudad circular más antigua y severa que Tharsis, Arhan conoce a Velra Naur, matriarca de una casa que no ofrece ternura ni promesas. Velra no ve en él a un muchacho roto por el dolor, sino a una criatura valiosa, peligrosa y quizá necesaria. Mientras Hessur y Velra negocian su destino como si él fuera una pieza sobre una mesa de piedra, Arhan comprende que su nombre, su sangre y sus sueños pueden atraer a enemigos mucho peores que los asesinos de la noche del fuego. Pero Velra necesita saber más. Sola en el santuario de los dólmenes de Nabrissa, abre su palma y entrega sangre a la piedra para confirmar lo que teme. La magia no es bella ni piadosa: exige coste, silencio y obediencia. Lo que la piedra le muestra la perturba lo suficiente como para callarlo incluso ante Hessur. Arhan sigue sin saber quién es. Pero las piedras empiezan a recordarlo. Y cuando la piedra recuerda, los hombres prudentes aprenden a tener miedo.

Portada de El Precio
Libro 4

El Precio

4,5046 votos
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Arhan ya no puede fingir que su vida pertenece solo a la fragua. Tras la muerte de Orthon y Meira, la desaparición de Bras y su huida hacia el norte, Hessur el Gris le revela la verdad que durante diecinueve años fue enterrada bajo silencio: Arhan es hijo bastardo del rey Arghas II. No es un heredero reconocido, ni un príncipe criado para gobernar, ni un héroe dispuesto a reclamar una corona. Es algo mucho más peligroso: una sangre fuera de lugar, una posibilidad política, una amenaza viva para quienes necesitan que la sucesión de Tharsis permanezca limpia. Pero toda verdad tiene un precio. En Nabrissa, bajo la mirada severa de Velra Naur, Arhan acepta refugio y entrenamiento. A cambio deberá trabajar en el santuario de los dólmenes, asistir a ritos antiguos y aprender que la piedra no es muda, que la sangre despierta memorias y que la magia de los viejos pueblos nunca concede nada sin cobrarse algo. Entre golpes, escudos, ceniza y sacrificios, el hijo del herrero empieza a comprender que sobrevivir no basta: si no aprende a mirar, otros mirarán por él; si no aprende a sostener su nombre, otros lo usarán como bandera o lo enterrarán como amenaza. Mientras tanto, en Tharsis, el nuevo rey Tharvan intenta mantener unida la Liga Atlante. Los Velkar exigen claridad sobre la sucesión y sobre Kalibar, la espada de los reyes. Los Onhur calculan rutas y tratados. Los Ithara anuncian presagios inquietantes. Los Naur callan. Los Brenthos ni siquiera acuden. La Liga sigue en pie, pero solo en apariencia: cada casa es un cuchillo esperando que otro se mueva primero. Y en el corazón de esa corte fracturada, Khadissa sonríe. La reina desciende en secreto al templo de Ashtara, oculto bajo una casa comercial kenárita, y ofrece su propia sangre para recibir guía en la noche. Su fe no es una máscara política: es real, fría y absoluta. Allí comprende que Arhan no debe ser atacado de frente. Primero hay que encontrar a Bras. Primero hay que enfrentar a las casas. Primero hay que hacer que Nabrissa sea demasiado visible para que Velra se vea obligada a mover la pieza que protege. El Precio abre una nueva fase de La Sangre de Tharsis: la revelación del bastardo, el inicio de su formación, la fractura de la Liga Atlante y el despertar de fuerzas religiosas que operan bajo la historia visible. Porque en Tharsis nada se recibe gratis. Ni la sangre. Ni la verdad. Ni el destino.