THYDOM THYDOM.COM
Entrar Regístrate gratis
Cabecera de la serie Llama y Ceniza

Serie editorial

Llama y Ceniza

Serie de 4 libros

RunaContinuus Nexus
por Tolmarher Autor
4,50 72 votos
Lectura web Audiolibro
Comenzar la serie

Sobre esta serie

Hay juramentos que sobreviven a los imperios. Hay llamas que ni el tiempo consigue apagar. Cuando los antiguos Arcontes vuelven a extender su sombra sobre el mundo, el destino de reinos enteros queda ligado a un puñado de hombres y mujeres condenados a caminar entre el amor y la guerra, la fe y la traición, la vida y el sacrificio. Un zíngaro cuyo laúd oculta un poder olvidado. Una sacerdotisa capaz de escuchar voces que ningún mortal debería invocar. Un capitán dispuesto a desafiar a la oscuridad con el acero en la mano. Y una Dragona cuya existencia puede decidir el final de una era. Mientras ciudades amuralladas se consumen entre el fuego y la ceniza, criaturas nacidas de las pesadillas recorren los caminos, antiguas profecías despiertan y la sangre derramada alimenta fuerzas que llevan siglos aguardando su regreso. Porque algunas guerras no se libran por conquistar un reino, sino por decidir quién heredará el mundo cuando el último fuego se extinga. Llama y Ceniza es una saga de fantasía épica y romantic epic donde el amor, el honor y la muerte avanzan siempre de la mano. Un viaje de dragones, magia ancestral, juramentos imposibles y personajes obligados a elegir entre aquello que aman... o aquello que deben destruir.

Tolmarher
Tolmarher Autor
Seguir

Libros de esta serie

4 libros

Portada de Ceniza de Dragón
Libro 1

Ceniza de Dragón

4,5052 votos
Lectura web Audiolibro

Ceniza de Dragón — Llama y Ceniza I Una novela de Tolmarher Serie: Continuus Nexus – Septima Saga En Constanza, enterrada bajo la niebla de ceniza, los nobles se encierran en torres oscuras, mientras los mineros de hueso se consumen en túneles infinitos, arrancando del abismo lo que sostiene a la ciudad escudo. La ceniza lo cubre todo: calles, cuerpos, recuerdos. Es el aire que se respira y el velo que oculta una verdad antigua, tejida en historias que aún se murmuran junto a los hornos apagados. Bajo la montaña laten horrores y dragones colosales, sobre cuyos lomos enteros clanes han levantado sus campamentos. No son bestias domesticadas, sino titanes vivos, más viejos que los imperios de los hombres, cuyo rugido estremece la roca y las almas por igual. Su despertar no traerá salvación, sino el anuncio de una nueva era. En medio de un mundo al borde del derrumbe, tres figuras se alzan con destinos entrelazados: Clea, la joven Oráculo de cabellos blancos, atrapada entre la fe y la condena; Django, el insolente zíngaro de la Luna Roja, marcado por una sangre tan antigua como los dragones; y Duncan Margrave, jefe de la guardia, cuya espada sostiene el frágil equilibrio de un orden que se desmorona. Llamas y Ceniza es el inicio de una saga oscura y monumental, donde fuego y ceniza se disputan el futuro de la humanidad, y cada decisión pesa como un juramento sobre el filo del abismo.

Portada de Corazón de Dragón
Libro 2

Corazón de Dragón

4,5246 votos
Lectura web Audiolibro

Corazón de Dragón — Llama y Ceniza II Una novela de Tolmarher Serie: Continuus Nexus – Septima Saga Aterrizan en las terrazas de Lutecia con la lengua hecha polvo y una ciudad que no recibe: campanas mudas, puertas ciclópeas abiertas, vajillas servidas sin comensales. Bajo órdenes de Duncan, se levanta un único refugio junto al Pozo de Dragón (nadie pernocta fuera): rastrillos, cadenas, racionamiento, turnos, niños al centro. Medea invoca los lazos con la Casa Lutecia y exige precedencias; Santino intenta preservar el rango; Ricard y Menorá fuerzan el pragmatismo. La Niebla permanece abajo, paciente: no persigue, observa. En los almacenes, Davina enseña letras a Ludwig mientras levantan inventario; registran que el último turno de guardia quedó sin firmar. Sancho y Sandor cartografían lonjas y claustros: vajillas intactas, respiraderos que exhalan tibio con olor a miel, sombras en las alturas. En el archivo, Bardo fuerza estantes sellados: símbolos velados de Los Magus, rutas de Pozos y Menhires de Justicia; Maximilian —que teme que le destapen la malversación de Constanza— lo acecha, sospecha su pertenencia a la cofradía y a la vez lo necesita. Django halla un cofre de oro en una guilda cerrada; Ricard le impone secreto para que Santino no lo huela. Clea sueña con Temis y Mefisto disputándose su voz: la justicia tensa la venda; el abismo le ofrece una cama caliente si cede a Django; no hay consumación, sólo hambre. Astarté, vieja y celosa, interrumpe caricias con humor huraño. En un salón de la casa antigua de Medea, encuentran huellas de pies descalzos de niño cruzando una banderola caída. Y en el perímetro, tres golpes secos —tac, tac, tac— responden desde el submundo: alguien al otro lado ha aprendido a contar. Aún no se muestran; todavía no. La consigna que salva nace aquí: contar tres y no dar el cuarto.

Portada de Ojos de Dragón
Libro 3

Ojos de Dragón

4,5048 votos
Lectura web Audiolibro

Ojos de Dragón — Llama y Ceniza III Una novela de Tolmarher Serie: Continuus Nexus – Septima Saga La ciudad no cambia de sitio, pero se acerca. Los turnos de exploración descienden a templos de Temis desmantelados: cálices volcados, gotas ámbar que no son cera, aliento detrás de los muros; la cripta seca respira por la grieta. Duncan ensaya la retirada en corredores que ahogan el sonido; Sancho detecta rejillas donde una mano pequeña tantea afuera y se retira “como quien aprende a medir la sopa que no es suya”. El manual de la supervivencia se escribe en tiempo real: cadenas, cuñas y rastrillos; tres golpes de señal, nunca el cuarto. Clea libra su guerra privada: Temis le exige continencia y gobierno de sí; Mefisto la enciende con visiones y le susurra que yacer con Django rompería la Voz. Entre ambos, el deseo se afila en renuncia, y la noche en el patio trasero apenas permite un casi-beso hasta que Astarté se planta con su enorme sombra de ala: no. Clea, sin embargo, ve con los ojos cerrados una ciudad que no es Lutecia: río, faros en círculo, estatuas con capucha, campana que derriba paredes sin badajo. Una geografía distinta llama: Umbral. Bardo y Duncan sellan alianza práctica en el archivo —“fuego robado” de los estantes ocultos—, mientras Maximilian, entre la culpa por el oro y el miedo a Los Magus, roba una arqueta que cree llave y tal vez sea condena. Santino y Ricard se miden sin romper la cuerda; Medea y Menorá administran la deuda y el orden. Davina y Ludwig consolidan un lenguaje nuevo: raciones como silabario, disciplina como gramática. La Niebla, abajo, no sube: escucha. Y la ciudad, todavía sin rostro, imita voces con una precisión ligeramente equivocada. La sensación de ser nombrados desde dentro recorre el Pozo. Falta una chispa, un sermón, y el mundo aprenderá que el adversario ya ha aprendido.

Portada de Alas de Dragón
Libro 4

Alas de Dragón

4,5155 votos
Lectura web Audiolibro

Alas de Dragón — Llama y Ceniza IV Una novela de Tolmarher Serie: Continuus Nexus – Septima Saga Primero la palabra, luego el hierro. En la capilla improvisada del Pozo, Clea pronuncia el Sermón de ceniza: orden, continencia, paz armada entre Santino y Ricard, deber compartido de Medea y Menorá, y contención del deseo como disciplina del alma. Entonces, desde dentro del recinto, una voz de niño pregunta: “¿Puedo entrar?”. No viene de la puerta: viene de la pared. La liturgia se convierte en cuarentena del pánico. El perímetro resiste: flechas, arcabuces, aceite; Astarté abre claros con bramidos que quitan el aire a la calle; Bardo protege pergaminos; Maximilian carga su caja y exhibe la cobardía que luego aprenderá a domar. Por fin, la ciudad enseña rostro: ojos ámbar, piel tensa, boca sin labios que sonríe como una herramienta exhibiendo filo. El rastrillo principal cede un palmo: sólo sirve sellar desde dentro. Sancho —hueso de guardia, memoria de barro— y Sandor —mano mayor del clan, mecánico del hierro— entran al corredor interior. Cadena, pasador, cuña: oficio contra hambre. Uñas gastadas por piedra tantean la rendija; sangre oscura firma el cuello del sargento. Juran: por la Luna Roja, por la vieja que sube, por el niño que lee, por la ciudad que todavía no devora. Dan dos golpes —uno que avisa, uno que sostiene— y nunca el tercero. El rastrillo cae “como cae un veredicto”: muerde piedra, la cuña canta su nota perfecta, la cadena cierra la tripa. Sancho y Sandor se quedan dentro. Arriba, Astarté se alza con víveres, niños, libros y mapa, y un pacto tácito entre Ricard y Santino: rango al servicio del rumbo. En el amanecer, Bardo desdobla el cuero: junto a la espiral en balanza (marca de Los Magus) luce la palabra que Clea vislumbró en sueños: Umbral. Medea y Menorá lo toman no como joya, sino como deuda. Duncan marca rumbo; Django pide, no manda; Astarté somete el aire. Lutecia queda atrás con las puertas selladas y un juramento clavado en la jamba. La Niebla no se mueve. Aprende. Y el cuento —como los dragones viejos— sigue.